La peluquería vacía

Era un viernes al atardecer, María se encontraba sentada en el mueble de espera de su peluquería, desde ahí podía ver una escena triste que empezaba a identificar como un patrón que se repetía en diferentes días, aunque cada vez más seguido.

 

Veía a José, su compañero estilista y a Diana, la auxiliar del bac, sentados tomando café, riéndose de algún tonto vídeo en su celular.

 

Primero la invadió una sensación de tristeza, ¿qué había pasado con aquellos días en los que el trabajo era constante y no había tiempo para perder en el celular?, luego la invadió el terror, si seguían así, tendría que cerrar su amada peluquería porque ya no podría sostener los gastos; entonces se preguntó.

 

  • ¿A dónde se habían ido sus clientes?
  • ¿Por qué solo había un estilista cuando tenía 4 sillas?
  • ¿Cómo es que un viernes su peluquería estaba vacía?

María se levantó del mueble, empezó a caminar y de un lado para otro, inquieta, intentó identificar a los culpables.

 

  • Seguro que los clientes se han ido por precio, son unos tacaños y con todos estos salones baratos que han puesto cerca que más se podía esperar.
  • Definitivamente, no hay con quien trabajar, aquí está la prueba, 4 sillas y la gente no viene y luego se quejan porque no hay oportunidades.
  • Este gobierno nos tiene jodidos, las cosas están tan caras, la inflación tan alta, que las personas ya ni un viernes van a la peluquería para arreglarse.

 

De repente María deja de caminar, estaba justo detrás de su silla, se miró frente al espejo, se reconoció en su mirada y en ese instante se dió cuenta de algo, sus pensamientos la engañaban, estaba siendo enceguecida por los sentimientos encontrados en su mente que buscaban alejarla de una realidad aún más dolorosa.

 

La única responsable de esa situación era ella, después de todo su peluquería era su sueño y administrarla bien su deber.

 

Incapaz de sostener la mirada por un momento, agacho la cabeza frente a sí misma, para luego, con los ojos vidriosos y una lágrima en su mejilla, encontrarse nuevamente frente al espejo de la silla en la que tantas veces había regalado alegrías a sus clientes.

 

 

Tenía dos posibles opciones: 

 

La primera, no hacer nada, simplemente reconocer y ocultar el inmenso hoyo en su barco mientras se sienta a esperar lo inevitable, para luego ver hundirse su amada peluquería, guardando para siempre el secreto que solo ella sabía, y compartiendo con el mundo la culpabilidad de los demás para evadir la verdad.

 

La segunda, hacer algo, por ejemplo, María podría establecer un punto de partida, empezando por reconocer cómo llegó a ese punto, así podría dejar de realizar las mismas acciones dañinas y emprender un nuevo camino; después podría definir como deseaba realmente ver su peluquería, este es un ejercicio de visualización que sirve como preámbulo a una de las tareas más difíciles que hay para un estilista que es dueño de peluquería, crear un plan de acción, difícil porque va en contra de la idea de espíritu libre que les han vendido durante años, además desde una falsa creencia, que el artista debe flotar libremente y no nació para ser atado por planes, protocolos o reglas (irónicamente, todas las peluquerías icónicas a nivel mundial tienen un plan, siguen unas normas, establecen protocolos y tienes reglas de comportamiento), una vez el plan está escrito, ha establecido sus grandes objetivos, separando las pequeñas metas, definiendo los tiempos y asignando el rol que jugará cada colaborador en el proceso, entonces podrá pasar a la acción.

 

María se dará cuenta rápidamente que el plan no es perfecto, y entonces deberá decidir si, sabiendo que no funciona, insistirá en ese camino o si, por el contrario, regresará a su plan de acción para hacer los ajustes requeridos y recomponer el camino las veces que sea necesario hasta que su peluquería sea en la práctica un reflejo en el espejo de lo que visualizo en su mente.

¿Qué hará María?

¿Esconderá el fracaso de su emprendimiento haciéndose la víctima y delegando la culpa en los demás actores que no tienen el verdadero control de sus decisiones o asumirá con la frente en alto la gestión administrativa de su emprendimiento y el rol de líder para construir la peluquería de sus sueños?

 

Tuve la oportunidad de conocer a María en el año 2021, no se llama María, claro está; vive en Cali – Colombia y por cosas del destino llegué a su vida cuando estaba pasando la crisis de la peluquería vacía.

 

Trabajamos juntos por un par de meses, reorganizó su proyecto, muchas cosas cambiaron y un nuevo idilio entre María y su peluquería se sentía por todas partes; podríamos decir misión cumplida. 

 

María me llamó la semana pasada, las viejas emociones regresaron, pero el aprendizaje ya estaba, y antes de verse así misma como una víctima, asumió su rol de protagonista, reconoció lo que había dejado de hacer y cómo esto le estaba afectando en los resultados esperados; me dijo que solo quería que le ayudará a ajustar algunos temas en el plan de acción, pero que estaba lista para seguir construyendo y consolidando la peluquería de sus sueños.

 

Me animé a contar esta historia porque sé que como María, hay cientos o miles de estilistas ahí afuera que son dueños de sus peluquerías, pero no están consolidando una empresa, en el mundo de los negocios esto se conoce como autoempleados y mientras las pequeñas empresas estén en esa fase es difícil que logren trascender.

 

Mi invitación para todo aquel que desee emprender y triunfar como empresario de la peluquería, es que se tome muy en serio su proyecto, esto va más allá de poner un par de sillas y un lavacabezas para trabajar, después de todo, se trata de que al final del ejercicio puedas mirarte al espejo con satisfacción y con la tranquilidad de saber que lograste construir aquella peluquería que visualizaste, es decir la peluquería de tus sueños. 

 

Buena suerte a todos y recuerden que el poder está en sus manos, solo deben hacer que las cosas pasen.

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